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Mucho más que yuyos: la riqueza ambiental y social de los pastizales en el AMBA
TN
- 15-10-2026 -
Nota publicada por: TN el 15-10-2026
Nota de origen:
Pastizales urbanos del AMBA: Naturaleza en medio del asfalto
Enviada por: FAUBA , el 05-10-2026
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Síntesis Agraria -
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En el tránsito cotidiano por las avenidas y calles del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), un terreno cubierto de malezas altas suele interpretarse de forma inmediata como un signo de dejadez, abandono o descuido municipal.
La estética urbana tradicional prioriza el césped cortado de manera homogénea y los parques arbolados.
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Sin embargo, bajo esa apariencia desordenada laten verdaderos sobrevivientes del ecosistema pampeano original.
Lejos de ser simples terrenos baldíos, estos fragmentos de vegetación nativa constituyen piezas fundamentales de la infraestructura verde metropolitana que proveen esparcimiento, atenúan los impactos del cambio climático y sostienen un invaluable patrimonio biológico en medio del cemento.
En el episodio del podcast Sobre la Tierra (SLT), producido por la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), las docentes e investigadoras Sofía Campana y Cecilia Molina analizaron el valor estratégico de estas áreas y la urgencia de redefinir la percepción pública y las políticas de planificación urbana.
Divulgación y reconocimiento: especialistas de la FAUBA identifican las gramíneas nativas del pastizal pampeano para promover su conservación. (Foto: IG Pastizales).
Divulgación y reconocimiento: especialistas de la FAUBA identifican las gramíneas nativas del pastizal pampeano para promover su conservación. (Foto: IG Pastizales).
Un ecosistema con funciones ecológicas clave
La definición técnica de un pastizal urbano abarca una amplia variedad de espacios dentro de la matriz metropolitana.
Sofía Campana explicó qué caracteriza a estos ambientes rodeados de asfalto: “Los pastizales urbanos son ambientes que encontramos en las ciudades que se caracterizan por estar dominados por vegetación herbácea. Esto es plantas bajas que no son leñosas y principalmente están dominados por pastos, por plantas de la familia gramíneas”.
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La especialista añadió que su delimitación es amplia y diversa: “Consideramos pastizales urbanos un montón de ambientes o lugares distintos. Puede ser desde parques, desde veredas vegetadas, desde bordes de vías, por ejemplo, o también áreas protegidas en sí mismas”.
Aunque la sociedad tienda a asociar estos predios con el desorden, las investigadoras remarcaron que en ellos se desarrollan procesos sistémicos indispensables para la salud ambiental de las ciudades.
Campana destacó que “en esos lugares están ocurriendo un montón de funciones ecológicas. Hay muchas especies que son valiosas y que puede ser interesante conservar”.
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Entre los principales beneficios que brindan a los habitantes del AMBA, los pastizales urbanos actúan como refugios biológicos y prestadores de servicios ecosistémicos directos:
Conservación de biodiversidad: Funcionan como hábitat y alimento para insectos polinizadores, aves, pequeños mamíferos, anfibios y artrópodos nativos.
Mitigación del cambio climático: Capturan y almacenan carbono atmosférico tanto en la biomasa vegetal como en el suelo, contribuyendo a reducir la contaminación.
Regulación térmica y hídrica: Amortiguan el efecto de isla de calor al reducir la temperatura ambiente y absorben grandes volúmenes de agua durante precipitaciones intensas, previniendo anegamientos e inundaciones.
Integración social: Aportan espacios de esparcimiento, actividad física y educación ambiental, permitiendo un contacto cotidiano con la naturaleza sin necesidad de realizar largos viajes fuera de la urbe.
Sofía Campana, docente de la FAUBA e investigadora de los ecosistemas de pastizal urbano en el Área Metropolitana de Buenos Aires. (Foto: UBA).
Sofía Campana, docente de la FAUBA e investigadora de los ecosistemas de pastizal urbano en el Área Metropolitana de Buenos Aires. (Foto: UBA).
Manejo sustentable y participación comunitaria
Un error recurrente al abordar la conservación de estos espacios es asumir que basta con abandonar el terreno y no cortar la vegetación.
Campana advirtió que la falta total de intervención puede perjudicar la calidad del ecosistema: “No necesariamente con dejar de cortar el pasto alcanza para conservar y ya estamos teniendo un pastizal urbano que es valioso. Muchas veces pasa que cuando no hay ningún tipo de disturbio, esta vegetación pasa a estar muy dominada por especies exóticas que muchas veces no son deseadas”.
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Para evitar la degradación, las especialistas proponen esquemas de manejo rotativos y planificados.
Además, recomendaron intervenciones mecánicas espaciadas en el tiempo o zonificadas por parches, lo que permite mantener áreas con diferentes alturas de vegetación y preservar refugios para la fauna mientras se controla la expansión de malezas exóticas.
En este proceso, el rol de la comunidad resulta un pilar central.
Según Campana, el primer paso para proteger un pastizal urbano es “reconocerlos, darse cuenta dónde están, cuáles son y qué características tienen”.
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A partir de esa visibilización, los vecinos pueden organizarse para realizar relevamientos de flora y fauna, promover actividades de divulgación y participar activamente junto a los tomadores de decisiones en las instancias de gestión pública.
Hacia una red de corredores bioculturales
A pesar de los beneficios demostrados, los pastizales enfrentan una clara desventaja en términos de percepción social frente a otros ambientes naturales.
Cecilia Molina explicó este obstáculo cultural: “Existe un desafío que presentan estos ecosistemas de pastizal urbano que es su falta de carisma. La decisión de conservar un ecosistema boscoso es fácil porque en el consenso social existe que conservar bosques es bueno y beneficioso para todos. A los pastizales no les va tan bien en ese sentido porque no se ve en la sociedad todavía ese beneficio”.
Esta falta de valoración se traduce en una marcada desprotección legal.
A nivel nacional y regional, el pastizal pampeano es el ecosistema que cuenta con la menor proporción de superficie resguardada bajo la figura de áreas protegidas.
Sin embargo, Molina resaltó que muchas de las reservas urbanas actuales han surgido por el empuje directo de la ciudadanía: “Muchas de las áreas protegidas que existen en el AMBA surgieron debido a organizaciones sociales y ambientales que propusieron la conservación de distintos ambientes de pastizal”.
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Contemplar un fragmento de este paisaje en la ciudad constituye una oportunidad para conectar con la historia natural de la región.
Molina señaló que estos parches representan “una ventana temporal al ecosistema de pastizal que había antes” y remarca que no se trata de ejemplares aislados, sino de “poblaciones y comunidades que forman parte del paisaje y nos permiten conectar con nuestra historia natural”.
Para garantizar la supervivencia de estos ecosistemas en el tiempo, las expertas de la FAUBA instaron a los planificadores urbanos a abandonar la premisa de que los pastizales son terrenos vacíos y a adoptar una estrategia de escala regional.
Molina sintetizó la propuesta clave para la gestión pública: “No se trata solamente de crear áreas protegidas urbanas con pastizal, sino de empezar a pensar el territorio como una red, a nivel de paisaje. Una estrategia posible es la conformación de corredores biológicos o corredores bioculturales que puedan estar formados por áreas protegidas, veredas, parques o jardines, permitiendo que las especies puedan dispersarse y se mantengan las funciones ecológicas”.
Integrar estos parches en una política pública coordinada resulta vital para redefinir la identidad metropolitana y construir ciudades más resilientes.