| Hace 25 años los defensores de la soja RR decían que el desmonte iba a generar desarrollo: Ahora investigan qué sucedió finalmente con ese “derrame” |
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Hace más de un cuarto de siglo, mientras la Argentina tenía la tasa de deforestación más elevada del mundo (tendencia que se detuvo recién en 2007, con la Ley de Bosques) y se liberaban 1,1 millón de hectáreas en el norte del país para sembrar soja transgénica o poner las vacas que se corrían desde el sur, algunos notables de la agricultura, como el CEO de Nidera Eduardo Leguizamón o el editor de Clarín Rural Héctor Huergo, discutían con vehemencia que ese era el camino, pues el avance del agro generaría desarrollo y trabajo para las poblaciones campesinas de aquella región.
Ahora, mucho tiempo después, un trabajo realizado por investigadores de la Facultad de Agronomía y el Conicet retoma ese debate, luego de evaluar “los impactos de la deforestación en 400 comunidades indígenas de Salta”, según informó el medio de divulgación universitaria Sobre la Tierra.
¿En serio el avance de la frontera agropecuaria trajo desarrollo a esas comunidades? Responder eso es la pregunta del millón. Pero tristemente esta investigación permite una primera aproximación a una respuesta: el modelo no derramó como se esperaba. |
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