| Abejorros en acción: el zumbido que mejora rindes y transforma la polinización en la horticultura |
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En el corazón de los invernaderos, donde cada flor define el resultado de una campaña, un actor pequeño pero decisivo empieza a ganar protagonismo.
No se trata de maquinaria ni de insumos tradicionales, sino de insectos: los abejorros nativos.
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Su trabajo, casi invisible, está modificando la forma que se entiende la polinización en cultivos hortícolas como el tomate, con impacto directo en el rendimiento y la calidad.
La línea de investigación que llevan adelante la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) y la empresa Brometan pone el foco en Bombus pauloensis, una especie nativa que, según los primeros resultados, puede aumentar hasta un 25% la cantidad de frutos, mejorar el peso en un 10% y el tamaño en un 3%.
Los datos surgen de ensayos concretos que buscan trasladar el conocimiento científico al manejo productivo. La polinización por vibración permite aumentar la eficiencia en cultivos como el tomate. (Foto: FAUBA). La polinización por vibración permite aumentar la eficiencia en cultivos como el tomate. (Foto: FAUBA). Un aliado silencioso del rendimiento
En un contexto donde alrededor del 35% de la producción mundial de alimentos depende de la polinización, el rol de estos insectos cobra una dimensión estratégica.
Si bien la abeja melífera ha sido históricamente la más utilizada, no resulta igual de eficiente en todos los cultivos. Allí es donde los abejorros empiezan a marcar diferencias.
El diferencial de los abejorros radica en su comportamiento. A diferencia de otros polinizadores, tienen la capacidad de realizar lo que se conoce como “polinización por vibración”.
Este mecanismo resulta clave en cultivos como el tomate o la berenjena, cuyas flores no liberan el polen fácilmente.
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Al vibrar su cuerpo mientras se posan sobre la flor, los abejorros logran desprender el polen y transportarlo de una planta a otra.
Este proceso, además de ser más eficiente, se realiza de manera constante incluso en condiciones ambientales adversas, lo que los convierte en una herramienta valiosa dentro de sistemas productivos intensivos. “Domesticar abejorros implica muchos años de investigación y de inversión”, explicó M. J. Ramírez Soria sobre el desarrollo de estos polinizadores. (Foto: FAUBA). “Domesticar abejorros implica muchos años de investigación y de inversión”, explicó M. J. Ramírez Soria sobre el desarrollo de estos polinizadores. (Foto: FAUBA).
Sin embargo, a pesar de ser una especie nativa, su presencia en los entornos productivos no siempre está garantizada. La intensificación agrícola, la reducción de hábitats naturales y la falta de espacios adecuados para nidificar limitan su desarrollo en forma espontánea. Por eso, la estrategia pasa por introducirlos de manera controlada en los cultivos.
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El sistema funciona a través de “cajas nido”, estructuras que contienen una colonia con reina, larvas y entre 80 y 120 obreras.
Una vez instaladas en el invernadero, los abejorros comienzan a trabajar de forma inmediata, buscando néctar y polen, mientras realizan la polinización de las flores. Las colmenas de abejorros deben solicitarse con al menos cuatro meses de anticipación para asegurar su disponibilidad. (Foto: FAUBA). Las colmenas de abejorros deben solicitarse con al menos cuatro meses de anticipación para asegurar su disponibilidad. (Foto: FAUBA). Del laboratorio al lote
Detrás de cada una de estas colmenas hay años de investigación. El proceso de “domesticación” de los abejorros implica comprender en profundidad su biología, su comportamiento y su adaptación a distintos entornos.
En este sentido, el trabajo conjunto entre el ámbito científico y el sector privado resulta clave para transformar el conocimiento en una herramienta productiva.
Uno de los ejes centrales de estudio es el aprendizaje de los insectos. Las investigaciones demuestran que los abejorros son capaces de asociar colores y aromas con recompensas, como el néctar o el polen. Este aprendizaje condiciona su comportamiento y puede influir en la eficiencia de la polinización.
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Ensayos realizados en laboratorio permitieron determinar, por ejemplo, que estos insectos perciben con mayor facilidad colores como el azul y el amarillo, y que desarrollan preferencias según su rol dentro de la colonia.
Este tipo de información abre la puerta a mejorar el manejo de los cultivos, optimizando la interacción entre plantas y polinizadores.
A su vez, las condiciones ambientales también juegan un papel determinante. Temperatura, humedad y uso de agroquímicos son variables que impactan directamente en el desempeño de los abejorros.
Por eso, la presencia de estos insectos dentro de los sistemas productivos obliga a repensar ciertas prácticas. “Es clave conocer cómo los abejorros perciben el mundo”, señaló F. Palottini sobre el manejo de estos polinizadores. (Foto: FAUBA). “Es clave conocer cómo los abejorros perciben el mundo”, señaló F. Palottini sobre el manejo de estos polinizadores. (Foto: FAUBA).
En este punto aparece uno de los efectos más relevantes del uso de polinizadores biológicos: la necesidad de reducir o ajustar la aplicación de fitosanitarios.
Esto no solo protege a los insectos, sino que también genera beneficios colaterales en términos ambientales, de salud para los operarios y de calidad del producto final.
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Además, el uso de abejorros permite reemplazar prácticas como el “hormoneo”, un método manual que consiste en aplicar hormonas flor por flor para inducir la fructificación.
Este sistema, además de demandar tiempo y mano de obra, no siempre garantiza resultados homogéneos.
Con los abejorros, en cambio, el proceso se vuelve más natural, continuo y eficiente. Para los productores, esto se traduce en una optimización del tiempo y en la posibilidad de concentrarse en otras tareas dentro del establecimiento.
La planificación también es clave. La producción de una caja nido puede demorar hasta cuatro meses, y su vida útil dentro del cultivo ronda las ocho semanas, aunque puede variar según las condiciones. Por eso, el uso de estos polinizadores requiere anticipación y un manejo adecuado.
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De cara al futuro, las investigaciones continúan profundizándose. Nuevas líneas de trabajo buscan entender cómo influyen los agroquímicos en el comportamiento de los abejorros y cómo las condiciones de los invernaderos afectan su desempeño. El objetivo es claro: mejorar la eficiencia del sistema y garantizar su sostenibilidad.
El avance de estos desarrollos muestra cómo la ciencia puede integrarse al proceso productivo para generar soluciones concretas.
En un escenario donde la demanda de alimentos crece y los recursos son cada vez más limitados, optimizar cada etapa del cultivo se vuelve indispensable.
Así, el zumbido constante de los abejorros deja de ser un simple sonido de fondo para convertirse en una señal de cambio. Un cambio que conecta laboratorio, campo y consumo, y que redefine el rol de los polinizadores en la agricultura moderna. |
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